Caterina Maci y Marco Biagi
Departamento de Ciencias Físicas, de la Tierra y del Medio Ambiente, Universidad de Siena
La promoción de la salud y la lucha contra la obesidad están en el centro de los debates científicos y las acciones políticas, ya que tienen un gran impacto en la salud de las personas y el medio ambiente. Mientras que 821 millones de personas pasaron hambre en 2017, 672 millones eran obesas, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La mayor prosperidad de los países industrializados, donde la disponibilidad de alimentos es mayor de hecho, va acompañada de una escasa actividad física ligada a los hábitos sedentarios y a una dieta equivocada, caracterizada por la introducción de una cuota excesiva de azúcares refinados y poca fibra dietética.
La percepción del sobrepeso y la obesidad suele estar vinculada únicamente a las cuestiones estéticas que representa en el imaginario colectivo general, condicionando la percepción cultural de esta condición y las estrategias de marketing relacionadas para promocionar los alimentos y otros productos. Además, podemos decir que dicha condición física también influye de forma significativa en el estado psicológico y de ánimo de una persona, afectando a su relación con los demás y consigo misma.
Sin embargo, desde un punto de vista médico y científico general, es mucho más que eso: por un lado, afecta negativamente a la vida humana, predisponiendo a enfermedades crónicas, y por otro, está relacionado con problemas de seguridad alimentaria y con la salud de todo nuestro planeta.
La obesidad se debe principalmente a un estilo de vida y una dieta incorrectos: inactividad física combinada con una dieta alta en calorías. El resultado es una acumulación excesiva de grasa corporal. A excepción de las afecciones con causas endocrinológicas reconocidas, en las que es necesario el uso de fármacos específicos, en los demás casos se actúa casi exclusivamente sobre la dieta y el estilo de vida del paciente, ya que se trata de una afección reversible.
La obesidad representa uno de los principales problemas de salud pública en todo el mundo, ya que es aumenta tanto en los países industrializados como en los más ricos, pero también en los más pobres (disponibilidad de «comida basura» barata) y es un factor que predispone al desarrollo de enfermedades crónicas como ladiabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.
De hecho, la Federación Internacional de Diabetes estimó que 382 millones de personas estaban afectadas por la diabetes de tipo 2 solo en 2013 y se espera que el número de enfermos se duplique para 2035. Este aumento puede atribuirse a causas como laresistencia a la insulina y la disfunción de las células beta pancreáticas, responsables de la hiperglucemia, es decir, del aumento del nivel de glucosa en la sangre. De hecho, los niveles de glucosa en sangre posprandiales desempeñan un papel importante en el desarrollo y la evolución de las complicaciones de la diabetes de tipo 2.
En Italia, cuna de la dieta mediterránea, dos de cada 10 niños tienen sobrepeso y uno de cada 10 es obeso. La obesidad infantil no sólo está muy extendida, sino que es persistente: alrededor del 50% de los adolescentes obesos corren el riesgo de serlo en la edad adulta ( SIP, Sociedad Italiana de Pediatría ).
Más allá de la alta prevalencia y persistencia del fenómeno, lo más alarmante es la evidencia de las complicaciones físicas y psicosociales que ya están presentes en los niños obesos y que tienden a empeorar en la edad adulta. Cada vez son más los niños y adolescentes que padecen enfermedades relacionadas con la obesidad hasta ahora desconocidas en la infancia, como la hipertensión, la dislipidemia y la diabetes de tipo 2.
Estos riesgos pueden contrarrestarse mediante el control del peso, a través de estilos de vida correctos y una dieta equilibrada, pero la intervención temprana es muy importante.
El papel del pediatra es de suma importancia en la estrategia global de lucha contra la obesidad infantil, especialmente en términos de prevención.
La condición en la que se manifiesta laLaresistencia a la insulina, aún no definible como diabetes, es aquella en la que Laglucosa en sangre tiende a estabilizarse en valores altos (cuando los niveles de glucosa en sangre en ayunas son superiores a 110 mg/dl); esta condición es la campanas de alarma a las que hay que prestar mucha más atención porque aquí todavía se puede actuar para revertir este desequilibrio y se pueden tomar medidas para restablecer el correcto metabolismo de la glucosa (Chao y Hirsch 2018). Lahiperglucemia, el elevado peso corporal, la hipertensión y la dislipidemia se asocian con mucha frecuencia en lo que se denomina síndrome metabólico (Martyn, 2014): el primer elemento a tener en cuenta es corregir el estilo de vida.
El campo del síndrome metabólico también se tiene cada vez más en cuenta en el ámbito de la suplementación alimentaria y la fitoterapia, y muchas indicaciones derivadas de la literatura científica apuntan favorablemente hacia los beneficios que se pueden conseguir mediante el uso de productos herbales (Governa et al., 2018). Una de las plantas medicinales más importantes en el manejo de la hiperglucemia, por ejemplo, es el ginseng, las raíces del
Panax ginseng
(C. A. Meyer): sus principios activos, ginsenósidos, modulan la captación y utilización de la glucosa (Luo y Luo, 2009) mediante un mecanismo que también implica la regulación de los niveles de cortisol, principalmente relacionado con el conocido efecto alivio del estrés de las plantas.
La activación adrenérgica de los ginsenósidos puede provocar un ligero aumento de la presión arterial, por lo que el ginseng no está recomendado para niños y personas con hipertensión.
Los estudios sobre el ginseng han despertado el interés por estudiar otros
adaptógenos
para el mantenimiento del metabolismo, y las buenas indicaciones de las aplicaciones se atribuyen a la
rhodiola (raíces de Rhodiola rosea L.)
.
Rhodiola rosea L.
es una especie de las regiones árticas de Europa, Asia y América del Norte. Su principal indicación es
adaptógeno
y se utiliza principalmente en caso de síntomas de estrés psicofísico.
Los componentes activos de la Rhodiola son numerosos, pero los más característicos y estudiados son los polifenoles salidrósidos y las rosavinas (Borgonetti et al., 2020).
El salidrosido es responsable de la inhibición de la gluconeogénesis, de la reducción de la adipogénesis (producción de tejido adiposo) y de la reducción de las citoquinas inflamatorias en el tejido adiposo blanco. Un estudio realizado en ratas, publicado en Scientific Reports, también descubrió que el salidroside aumentaba la acción anoréxica de la hormona proteica leptina, producida por los adipocitos, a nivel del hipotálamo, informando a éste de que había suficiente grasa en el cuerpo y que no era necesario comermás. (Wang et al., 2016)
Un estudio publicado en Molecules (Pomari et al., 2015) demostróla actividad lipolítica de la rodiola, es decir, su capacidad para disolver y movilizar la grasa, y la actividad antiadipogénica, es decir, su capacidad para inhibir la transformación de los preadipocitos en adipocitos. El tejido adiposo está formado por adipocitos, células cuya función es almacenar grasa, mientras que los preadipocitos son células destinadas a convertirse en adipocitos pero que aún no se han diferenciado.
La inhibición de la transformación de los preadipocitos en adipocitos impide la producción de nuevas células grasas, por lo que puede ser útil para prevenir la obesidad.
El salidrosido y las rosavinas también tienen un efecto antidepresivo al aumentar los niveles de serotonina en el hipocampo, lo que conduce a la satisfacción psicológica y evita que la misma satisfacción sea ofrecida por la comida, ayudando a romper el círculo vicioso emocional que subyace a la condición de obesidad. Además del aumento de la serotonina, en las neuronas dañadas del hipocampo de las ratas, el tratamiento con rodiola mostró una tendencia a la proliferación y diferenciación de las células madre neuronales para reparar el daño causado por el aumento del cortisol (Chen et al., 2009).
Otras monoaminas, además de la serotonina, que se ven afectadas por la rhodiola son la adrenalina, la dopamina y la noradrenalina, cuya degradación se inhibe, dando lugar a un aumento de estas moléculas: el resultado es un aumento del metabolismo general del cuerpo y de su rendimiento y concentración intelectual (Zhuang et al., 2019).
Rhodiola rosea en Ansirens tiene una valoración de 3% de rosavina y 1% de salidrosida.
Referencias
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